Nueve horas diarias frente a las pantallas: una alerta para la salud infantil y adolescente
Un estudio citado por El Espectador advierte que en Colombia niños y adolescentes pasan en promedio 8,9 horas al día frente a pantallas. El dato no se limita al consumo de televisión: incluye celulares, tabletas, computadores y videojuegos, dispositivos que se han integrado de forma temprana y permanente a la vida cotidiana.
Este aumento sostenido del tiempo de exposición ha generado preocupación entre expertos en salud pública, pediatría y educación, debido a los efectos que el uso excesivo de pantallas puede tener en el desarrollo integral durante los primeros años de vida y en la adolescencia.
Efectos psicosociales y en la salud mental
En el plano psicosocial, el uso prolongado de redes sociales y plataformas digitales se asocia con dificultades en la interacción social, aislamiento, baja tolerancia a la frustración y problemas de autoestima. La exposición constante a contenidos idealizados puede generar comparaciones negativas, ansiedad y, en algunos casos, síntomas depresivos.
La privacidad es otro factor de riesgo. Muchos niños y adolescentes comparten información personal sin dimensionar sus consecuencias, quedando expuestos a ciberacoso, suplantación de identidad o contacto con desconocidos. A esto se suma la exposición a contenidos inapropiados, que pueden afectar la construcción de valores, la percepción del cuerpo y la sexualidad a edades tempranas.
El sueño también se ve comprometido. El uso de pantallas antes de dormir altera los ritmos circadianos, dificulta la conciliación del sueño y reduce su calidad, lo que repercute en el rendimiento escolar, el estado de ánimo y la capacidad de concentración durante el día.
Consecuencias en la salud física
Desde la salud física, el exceso de pantallas está relacionado con sedentarismo, aumento del sobrepeso y obesidad infantil, así como con problemas posturales que afectan cuello, espalda y columna. El uso prolongado de dispositivos móviles también incrementa la aparición de fatiga visual, ojo seco, visión borrosa y dolores de cabeza.
La falta de actividad al aire libre y de juego físico limita el desarrollo motor, la coordinación y la resistencia cardiovascular, aspectos clave durante la infancia y la adolescencia.
Un llamado al uso responsable
Especialistas de Promover coinciden en que el reto no es prohibir la tecnología, sino regular su uso. Establecer límites de tiempo, promover pausas activas, priorizar actividades físicas y fortalecer el acompañamiento de padres y cuidadores son medidas fundamentales para reducir los riesgos.
La evidencia muestra que el equilibrio entre el mundo digital y la vida real es determinante para proteger la salud física, mental y emocional de niños y adolescentes. En un contexto donde las pantallas son inevitables, la educación digital y el uso consciente se convierten en la principal herramienta de prevención.
